domingo, 4 de julio de 2010

ESTANYS DE BACIVER


Son casi las diez de la mañana y en el punto de encuentro estamos preparados para salir los componentes de los días anteriores más los nuevos compañeros, en total el grupo llega a las veintena de personas. En el grupo está representadas las siguientes provincias: Valencia, Mallorca, Madrid, Barcelona y Álava. El más joven del grupo, Diego, tiene 10 años, el mayor 79.
Nos desplazamos desde Vielha hasta el aparcamiento de Orri, en Beret, y, desde aquí, empezamos la caminata por el sendero que nos conducirá hasta el estany de Baciver. Nos acercamos a ver "eth gúelh deth riu Malo" y seguimos en ligera ascensión hasta llegar a un punto donde observamos los "arcos" y, un poco más adelante, pasamos por la Bassa del riu Malo.
Después de un repecho llegamos al estany de Baciber, lugar que aprovechamos para descansar y comer algo. Mientras lo hacemos hay un abandono por parte de una "miembra y dos miembros" (como diría la ministra) del equipo. Los consejos del veterano del grupo y los ánimos del resto de los componentes seguimos todos juntos en buen equipo.
El camino progresa entre pinos negros, plantas y bonitas flores. Entre las flores que vamos viendo hay una que destaca, es muy abundante, el árnica montana. Observamos y nos observa un rebeco, aquí lo conocemos por "isard".
Llegamos al estany de Rosari, pero nos desviamos hasta alcanzar un alto, prácticamente en el centro del circo, desde donde las vista nos permite ver el Macizo de las Maladetas, con el Aneto (3404), más al fondo, Maupas, Crabiulles y Quayrat, los tres con más de tres mil metros de altitud, y buena parte del Valle, hasta Vielha. Conocemos el nombre de las montañas que cierran el circo, Vaqueira, Tucs de la Llança, Rosari, Marimaya y Saumet.
En este punto nos felicitamos todos por haber llegado y disfrutar, no sólo del paisaje, también de los compañeros.
El cielo se llena de nubes amenazadoras de lluvia, nos caen cuatro gotas y empezamos el descenso. Mientras comemos junto al Estany de Basiber corre la bota que han traído los mallorquines, aprovechamos para platicar y descansar un rato.
Llegamos al parrec de Orri, nos sentamos en las mesas que allí hay, nos despedimos de los mallorquines e intercambiamos direcciones y saludos.

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