miércoles, 7 de enero de 2009

Emocionante Noche con Raquetas de Nieve




La Luna es la reina y protagonista en esta aventura que invita a pasear con Raquetas de Nieve, avanzando por senderos, subiendo y bajando por bosques, junto a cascadas y todo en plena noche. 

A la luna llena se le asocian muchos poderes, se dice que favorece el romance, que su energía produce cambios a nivel de la tierra, que alienta a los lobos a salir de caza… en fin, existen numerosas historias y experiencias asociadas a este satélite natural que se pueden apreciar desde la tranquilidad del hogar, pero también paseando y viviendo una aventura.
Todo empieza cuando nos reunimos en el punto de encuentro en el antiguo cuartel militar, en Vielha. Cada cual comenta su experiencia, algunos no se han puesto ni una sola vez unas raquetas, otros saben y lo dominan a la perfección, pero la mayoría nunca han recorrido antes la montaña de noche y, menos, con la luna llena como anfitriona estelar. Nuestro cotilleo termina cuando convoco para dar las instrucciones generales. Nos desplazamos con los coches hasta el punto del inicio de la excursión, a un valle que es enclave del Valle de Arán pero que está fuera en sus límites geográficos. Los más expertos (Rafa, Ángel, Elías...) ayudan a colocar las raquetas. Una vez todos preparados doy las últimas instrucciones y comento de qué tratará el recorrido. Se empieza a cerrar la noche.
Iniciamos la marcha con niebla aunque podemos ver el fondo del valle, vamos por la ladera de la montaña. El camino es amplio, la nieve recién caída suena a cada paso que avanzamos, la niebla empieza a romper permitiendo dejar pasar la luz de la luna y ver el perfil de las cimas de las montañas, alguna de más de 3000 metros de altitud. Cuento la leyenda del los pastores que delimitaron la frontera entre el Valle y La Ribagorça. 
La noche avanza y la niebla se vuelve a cerrar pero conjeturamos que la luz de la luna está ahí. Nos adentramos en el bosque de hayas. Tenemos buena luminosidad, ahora el camino es más estrecho.  De vez en cuando tenemos que parar para ajustar alguna raqueta, Rafa se convierte en el experto de estos menesteres. Abandonamos el sendero para adentrarnos por entre los árboles del bosque, atravesar un riachuelo por encima del agua congelada. Cuando llegamos a nuestro destino, una preciosa cascada de unos veinte metros de caída, el cielo se despeja totalmente llegando hasta nosotros una luz sorprendente. Remontamos la cascada por un lateral y, una vez legamos a su parte superior, paramos a reponer fuerzas. Agua con un poco de anís, pan y chocolate para calmar la sed y el hambre. El hambre y la sed están completamente saciadas, pero no así el deseo de aventura, pues el recorrido, volviendo a la base de la cascada, continúa por el fondo del valle, siguiendo el curso del río.
Al salir del bosque las vistas son realmente impresionantes, las iluminadas cimas se recortan sobre un oscuro cielo lleno de brillantes estrellas, la nieve nueva brilla aún más que las estrellas. El terreno nos permite caminar unos junto a los otros en animadas conversaciones.
El paseo con Raquetas de Nieve finaliza; todos están contentos y alegres de haber participado en una aventura tan singular, especialmente la luna llena que sonríe en las alturas. 

martes, 6 de enero de 2009

MIS ALUMNOS DEL NUEVO AÑO 2009




Hemos dejado atrás el 2008, antes de finalizarlo tuve alumnos como Alvaro y Bea con un buen nivel de esquí y que con unos pequeños consejos mejoraron su técnica para seguir disfrutando aún más. En los últimos días del año dí clases de iniciación a un símpatico niño francés de cuatro años llamado Hippolite. Cuando empezó el año ya descendía con gran dominio de la cuña "fin de mundo" las pistas azules. En esas fechas, Lien, un alumno adulto venido desde la Isla de Madagascar, quiso conocer nuestro deporte. No se le dió nada mal
Coincidiendo con esas fechas Conchi y sus hijos, Nora y Jaime, inician clases
Los alumnos son, en su grandísima mayoría, aplicados, entusiastas y encantadores, lo que de por sí supone ya el noventa p or ciento de la felicidad de un profesor. Sin embargo, hay algunos alumnos que sufren enormemente cuando se les deja solos delante de una pendiente a la que creen que no la pueden afrontar.
Por supuesto, todo es cuestión de tiempo y práctica. Ahora mis alumnos son capaces de hacer auténticas maravillas con muy pocas indicaciones por parte del profesor. Y disfrutan, que es lo más importante.