miércoles, 2 de septiembre de 2009

BAUSEN Y EL BOSQUE DE CARLAC

El grupo es pequeño, Jaione y Vanessa, Nekane, Gregori, Dolores y Gregorio, Vikcy y Paco.
Son varias las excursiones que hago a lo largo de la semana para visitar algunos pequeños pueblos del valle.
Ayer nos acercamos al extremo Norte del Valle de Arán, a Bausen.
En la plaza, el panadero ha concentrado a los habitantes para venderles el pan, lo hace dos veces por semana. Ir a Bausen es dar un salto en el tiempo, es un pueblo que conserva intacta su forma de vida y sus costumbres, parece anclado en el tiempo. Pasamos por delante de la iglesia y el cementerio para salir del pueblo. Nos detenemos a ver el paisaje del Bajo Aran, Les, Bossost y Canejan con el fondo del valle del Toran.
En todos los pueblos se encuentran rincones encantadores e historias reales del pasado, transmitidas de generación en generación. Una de esas historias es la de los amantes de Bausen. En la parte más elevada de este pueblo, a 945 metros de altitud, un cementerio civil de piedra recuerda una bella historia de amor. "A mi amada Teresa, quien falleció en 10 de mayo de 1916 a la edad de 33 años", reza la única lápida del camposanto. Allí reposan los restos de una mujer enamorada de su primo que no obtuvo la dispensa eclesiástica de Roma para casarse porque no pudieron pagar la elevada suma de dinero exigida. Como el amor era más fuerte que los convencionalismos, la pareja decidió hacer vida en común, pero al poco tiempo la mujer enfermó y falleció. El cura del pueblo se negó a darle sepultura en el cementerio parroquial. Los vecinos, enojados, le construyeron en 24 horas otro para ella sola. Este pequeño camposanto s encuentra en un enclave con bonitas vistas del Bajo Arán. Vicky se emociona con la historia.
Después de esta visita, iniciamos la marcha por el sendero que va elevado sobre el Garona antes de que entre en Francia. Dolores siempre tiene la cámara de fotos preparada. Tenemos a la vista el pueblo de Canejan, el valle de Torán y el pueblo francés de Melles. Enseguida los perdemos de vistas al adentramos en el bosque, caminamos por un "túnel" de avellanos. Poco después, las hayas son las protagonistas. Hayas que han tenido un crecimiento muy lento y que crean un bosque bonito y, a la vez, con un halo misterioso. Nos fotografiamos dentro de la cavidad de un viejo haya.
Atravesamos por dos veces el río Carlac, que le da el nombre al bosque. Tenemos una fuerte subida, al principio, casi todos, van manteniendo una conversaciones que poco a poco se van apagando; Vanessa y Dolores nos dan cierta ventaja para que tengamos más tiempo de reposar una vez lleguemos a la parte más alta de la subida. El sendero se suaviza hasta que salimos del bosque.
De nuevo en Bausen, entramos en el bar-restaurante, el único del pueblo, en el que Aida nos sirve unas "merecidas". Vicky y Paco se dan un homenaje en el restaurante.

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